Es nuestro turno ¡y tenemos con que!

claudia marcela alvarez hurtado“Yo soy edilesa de la comuna 5”, “yo soy líder de adulto mayor”, “yo soy presidenta de Junta de Acción Comunal”, “yo pertenezco a un grupo feminista de la universidad”, “yo soy la representante legal de una organización”, “yo hago parte del Consejo Comunitario de Mujeres de Neiva”.

Claudia Marcela Álvarez Hurtado*

Esto iban diciendo, una a una, las 46 participantes del Diplomado en Formación Política e Incidencia Social para Mujeres del Municipio de Neiva en su evento de clausura ayer en la noche... la verdad, se me aguó el ojo.

Y es que no es para menos, sentir la vibración del poder individual y colectivo de las mujeres concentrado en un mismo espacio, agranda y acelera el corazón. Toda la frustración, rabia e impotencia ante los feminicidios, las innumerables fallas en el acceso a la justicia, la misoginia o la falta de liberad de nuestros cuerpos, se transformó en esperanza al ver todo lo que hacen estas 46 mujeres en sus territorios y comunidades.

¡Puro tejido vivo para la transformación! Pues si algo aprendí dando clase en este Diplomado, es que las mujeres tenemos manos, ideas, motivaciones y herramientas para gestar los cambios que queremos ver en nuestros contextos y en el mundo, sólo necesitamos reconocernos y unir saberes y fuerzas. Todas somos necesarias y entre todas nos necesitamos.

Por muchos años la cultura patriarcal y machista nos ha invitado a competir, a señalar y a desconfiar de las otras, el famoso ¿qué tiene ella que no tenga yo? Es muestra de ello. La crianza y las expectativas sobre lo femenino nos tienen queriendo ser “la chica 10”, la mujer perfecta… la que “no es como las demás”. Pero nuestro empoderamiento necesita que nos sacudamos el machismo del cuerpo, de las ideas y de las relaciones que establecemos, por eso, de los primeros saltos que debemos dar es justamente ese: descubrir con alegría qué tienen las demás que no tengo yo, para que juntas le saquemos jugo a todos esos dones y potencialidades.

El poder colectivo de las mujeres depende de ello y la eficacia de nuestros proyectos políticos, también. Como quien dice, una golondrina no hace verano. Toda esa energía que gastamos comparándonos, podemos ponerla al servicio de agendas comunes… pues sólo el poder mezquino de las formas tradicionales de hacer política avanza despotricando de otros ¡tenemos que hacerlo diferente, necesitamos hacerlo diferente!

Ahora imagínese una golondrina entre una bandada de chulos y cuervos, así es la política, un espacio hostil para las mujeres que “a troncas y a mochas” terminamos metiéndonos ahí con ganas de cambiar algo. Y por eso, otro de los frutos del Diplomado fue cuestionar radicalmente la forma tradicional de hacer política, así como la forma como los políticos tradicionales nos ven a las mujeres… pues para nosotras “en campaña hay mucha plata” (dijo una de las participantes) pero a la hora de ir a los debates sobre las Políticas Públicas de equidad de género, ninguno aparece y nos vemos “en ascuas” para completar el quórum.  

No pueden seguir siendo ellos, tenemos que ser nosotras

Como se dijo ayer en una de las intervenciones, son los hombres los que están tomando decisiones sobre cosas que nos afectan a las mujeres. ¡Y tiene toda la razón! Son los encorbatados de Concejos, Asambleas, Congresos y Presidencias, quienes están teniendo la última palabra sobre nuestros Derechos Sexuales y Reproductivos, sobre las Leyes que sancionan la violencia en nuestra contra, sobre la aprobación de Acuerdos de Paz en los que se nos garantiza el acceso a la tierra y la participación política. Son ellos, y algunos resultados no pueden ser peores.

Es nuestro turno. Se equivocaron mucho quienes pensaron que nuestro único rol iba a ser siempre el de madre y esposa, claro que esos son importantísimos y merecen ser valorados social y económicamente ¡sostener y alimentar la vida no es cualquier cosa! Pero el mundo está llenito de mujeres campesinas, indígenas, negras, lesbianas, con discapacidad, artistas, empresarias y deportistas (podría seguir y seguir) que estamos impactando y transformando las condiciones materiales de vida de nuestras comunidades.

Tenemos es que hacer bulla, trabajar en red y por supuesto, ocupar con nuestros cuerpos, identidades, propuestas y necesidades, esos asientos que hoy en países como Colombia están repartidos entre tanto encorbatado. Como lo dijo ayer en la clausura una invitada de Cali: “la política cambia a las mujeres, pero muchas mujeres cambian la política”.

Gracias a estas 46 mujeres por recordarnos que sí es posible, y lo más importante, que tenemos con qué. Mi admiración y cariño para cada una de ellas, ustedes fueron mis maestras.

*Socióloga y candidata a magister en Conflicto, Territorio y Cultura de la Universidad Surcolombiana. 

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