Opinión | Abelardo De La Espriella aclaró su ética con la pena de muerte

alexander molina guzman columnista 1Si Abelardo De La Espriella ya está convencido que los corruptos merecen la pena de muerte o mínimo la cadena perpetua, si eso ya hace parte de lo que va a hacer su conducta personal (su ética), entonces no debería defender a ningún corrupto en general.

Por: Alexander Molina Guzmán

Ante la indignación que ha producido el hecho que los corruptos de este país se están aprovechando de la crisis del nuevo coronavirus Covid-19 para hacer de los recursos públicos un negocio privado, el reconocido abogado Abelardo De La Espriella ha dicho que es una lástima que no tengamos la legislación de Singapur para darles su merecido; que mínimo, se merecen cadena perpetua. Sí, en Singapur existe la pena de muerte para corruptos, narcotraficantes y violadores y eso, entre otras cosas, le permitió salir del subdesarrollo en el cual se encontraban hace un poco más de cincuenta años (Colombia lleva doscientos años de vida republicana secuestrada por los corruptos), ser una de las mejores economías del mundo y elevar la calidad de vida de sus habitantes.

De acuerdo, como ciudadano hace rato estoy seguro, no porque lo haya dicho este abogado, que si nuestra sociedad en serio presionara para que se apruebe la pena de muerte para los corruptos avanzaríamos mucho en proteger los recursos públicos; que estos se inviertan como lo manda la Constitución y la ley y tener una mejor calidad de vida. La corrupción es nuestro mal más grande, la fuente de todos nuestros males, y no se puede seguir tratando a los corruptos como si fueran delincuentes comunes y silvestres (el índice realizado por la ONG Transparencia Internacional en materia de corrupción, de este año, ubicó a Colombia como el más corrupto del mundo).

Pero es la mayoría de la sociedad la que tiene que presionar para que este tipo de penas se aprueben, pues el establecimiento no lo va a hacer. Los corruptos ya se tomaron las tres ramas del poder público, hasta el cuarto poder ya está permeado por la corrupción, y entonces ellos no van a permitir que este tipo de penas se impongan. Alegan que la Constitución establece que el derecho a la vida es inviolable y que no habrá pena de muerte. Pero es que este derecho no es absoluto, pues cuando una persona le quita la vida a otra en defensa propia y la justicia no lo condena por ser un hecho en “legítima defensa”, de hecho están diciendo que en determinadas y excepcionales circunstancias sí es legal quitarle la vida a una persona (pena de muerte). No es matar por matar, es matar en una excepcional circunstancia en la cual hay un duelo de una persona que reta a otra a jugarse la vida (el delincuente que cuchillo en mano reta a otro a vivir o morir en un acto de robo).

Esta regla de la “legítima defensa” se puede aplicar para los corruptos, pues cuando un corrupto está decido a robar los dineros públicos se debe aceptar que es consciente de eso, que ese es su estilo de vida, que forma carteles para eso y que está enviando un mensaje claro a la sociedad y al Estado: Renuncia a respetar la Constitución y la ley, renuncia a vivir en sociedad y está retando al resto de la sociedad a vivir o morir en su intento de robarla. ¿Por qué debe morir la Constitución, la ley, el Estado, la sociedad? ¿No es justo que sea el corrupto el que muera?

Pero el abogado de la Espriella también debe enfrentar un dilema ético, pues hace unos años dijo que “la ética no tiene que ver con el derecho; que el Derecho no está determinado por la ética, sino por la normatividad vigente y cada quien ve si éticamente aplica lo que cree que deberían ser las cosas”. Sí, la ética es diferente al Derecho, pero no quiere decir que no tengan nada que ver, las dos se relacionan: Aunque en principio (la ética) un abogado crea en su fuero interno que no defiende corruptos, la ley dice que un corrupto tiene como cualquier parroquiano derecho a la defesa, que debe ser vencido en juicio y no por el prejuzgamiento que tiene el abogado sobre los corruptos.

Y sin embargo, aunque este abogado sea designado defensor de oficio, él podría ser objetor de conciencia y decir que no quiere defender a un corrupto, pues su conciencia (su ética) no se lo permite. Pienso que el Derecho al mismo tiempo es “la ley y la ética”, pues regula las relaciones de las personas y sus conductas en una sociedad y castiga al mismo tiempo cuando no se acepta esa regulación: La ley dice que no hay que robarse los dineros públicos como un “principio ético” y al mismo tiempo responde con un castigo al que no quiera aplicar ese principio. Por lo tanto, defender o no aun corrupto no sólo es un problema legal…también es un problema ético.

Ahora, si Abelardo De La Espriella ya está convencido que los corruptos merecen la pena de muerte o mínimo la cadena perpetua, si eso ya hace parte de lo que va a hacer su conducta personal (su ética), entonces no debería defender a ningún corrupto en general aunque la ley diga que toda persona tiene derecho a la defensa, pues ya tiene un prejuzgamiento ético de los corruptos (merecen la pena de muerte); que los defienda otros.

Entonces, podríamos ver a un Abelardo De La Espriella ya en una fase mejor para la sociedad, ejerciendo su labor ya no sólo por normas legales o por dinero, sino por principios éticos. Y si algo le hace falta a esta sociedad es que practiquemos la ética como un bien público, y no busquemos la leguleyada para no hacerlo. Pero que haya ciudadanos que puedan estar de acuerdo con este punto en particular de la pena de muerte, no quiere decir que se pueda estar totalmente de acuerdo con otras opiniones o posturas políticas de este abogado, pues rayan en lo inescrupuloso. 

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