Opinión | Diario de Cabaña: Confinamiento montañero

confinamiento montanero useche opinionEl confinamiento nos mató la prisa. Mucho tiempo para pensar y escribir, y por fuera del cemento y la agonía de díario vivir de una ciudad estresante. Hoy, mi primera columna desde mi lugar de cuarentena; una aventura rural y saludable. 

César Augusto Useche Losada*

La cuarentena sanitaria obligada, por causa de la pandemia del Covid-19, me tiene 'confinado', si así se le puede calificar, a un predio rural. Inicio la escritura de mi columna semanal, desde una modesta cabaña de descanso, solo, rodeado de exuberante vegetación y aguas diáfanas que descienden serpenteando de las últimas estribaciones del flanco este de la Cordillera Oriental al sur del Huila. Es una circunstancia sin igual, si comparo mi suerte con la de mi familia y amigos que deben afrontar esta azarosa situación, ellos sí confinados en las jungla de cemento. En un kilómetro a la redonda, a penas si tengo unos vecinos, así que mi aislamiento social es grado cinco.

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Las provisiones que traje conmigo se agotarán en una semana, con el agravante de no contar aquí con cultivos de pancoger. Está la selva con sus frutos y su fauna, que para un hombre citadino resulta intimidante. Por fortuna, a menos de un kilómetro cursa el río San Pedro, en donde con paciencia y maña aspiro a atrapar algún pez. Los visitantes asiduos, son las ardillas y una familia de micos maiceros que me divierten por momentos con su bulla y sus acrobacias, mientras van devorando cogollos y frutos fuera de mi alcance.

También me entretienen las muchas aves de estos parajes. Atino a identificar azulejos, tejedores, pitojuis, pavas de monte, aguilillas, búhos, colibríes, buitres, chamones, garzas blancas, loros, guacamayas... y asumo que todas me complacen con sus cantos y sus trinos, cuando a lo mejor solo buscan huir de mi presencia. Aquí el único extraño, es uno.

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Las noches son hermosas cuando la bóveda celeste se abre al infinito. Y más cuando hay faro lunar. Pero, en tiempos de lluvia como los de ahora, son oscuras y espesas. Nada se distingue ni en mi propia nariz. El desconcierto nocturno suele acompañar mi insomnio recurrente. Pitos, zumbidos, seseos, aullidos y croares, entre los que mi atrofiado oído humano logra distinguir, se amalgaman sin bemoles ni compases sobre el fondo susurrante del arroyo próximo, que surca la cuaternaria roca sedimentaria de su lecho.

En esa inmensidad oscura titila la luz LED de la cabaña, gracias a un pequeño panel solar sobre el tejado de zinc. Y también el fulgor de la cocina, que cruje con los leños que lentamente se calcinan, creando fantasmas de sombra y humo. No puedo usar el computador portátil pues el flujo eléctrico no alcanza para tanto. Así que escribo desde mi smartphone marca pollito. Nada de televisión. Solo radio y la débil e intermitente señal telefónica y de Internet, mientras tenga datos el androide, claro está.

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Tomo un curso acelerado de agricultura, haber si me doy maña de cosechar por los menos una lechuga, en estos suelos ácidos, fértiles para el bosque, pero renuentes para los cultivos de huerta. Preparo compost orgánico, para mejorar el suelo, pero antes de tres meses no tendré un pepino para mi plato.

El confinamiento nos mató la prisa. Mucho tiempo para pensar y escribir. Así que desde aquí seguiré dando lora con mis impertinencias y opiniones. De mí no se libran a la primera... Publicaré a través de la página Amazonia Online en Facebook (una idea que me surgió en 2014), y en la Agencia Informativa 180 Grados. Tarea que hago con el apoyo en la ciudad de mis estimados colegas Jarvey Lozano, en Neiva (Huila), y John Fredy Nagles, en Chaparral (Tolima), con quienes tengo una deuda de gratitud, como también con Walter y Claudia, los profesores denodados, que a bien me alojan en su cabaña. 

Esta es pues la primera columna de opinión semanal, que escribiré desde las 'Montañas de Colombia', para usar de necio, una expresión de la extinta guerrilla, otrora ama y señora de estos montes. La azarosa situación que ahora experimenta la Humanidad, está cambiando la vida ordinaria que acostumbramos llevar. Algunos de estos cambios llegaron para quedarse.

Una milinanómica partícula de 'vida', solo visible con poderosos aparatos, está revolucionando el presente y quizás inaugurando una nueva era. Pero no será la 'idealista actitud positiva' que pregonan, a la postre negacionismo pragmático, la que nos saque de este atolladero. Pensamiento crítico, ciencia y humanismo secular es lo que ahora más necesitamos. 

(Las Moyas, 4 de mayo de 2020)

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*Periodista independiente. Director del portal https://usechelosada.wixsite.com/amazoniaonline

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