Editorial 180 | La carreta de la “tolerancia” en el fútbol

violencia barras bravas en el futbolA los empresarios de la Liga Águila solo les interesa el recaudo en taquilla de la final entre Millonarios y Santa Fe. Olvídense de “tolerancia” y “respeto por la vida” que hipócritamente pregonan ellos y la familia Ardila Lulle en su canal RCN.

Hoy que se disputa la final de la Categoría Primera A del campeonato del Fútbol Profesional Colombiano, llamada por motivos comerciales Liga Águila, los medios de comunicación, en especial el grupo económico Ardila Lulle, dueños del monopolio RCN Radio y RCN Televisión, se atragantan con mensaje de “tolerancia” a la afición embrutecida y de endeble opinión para que no se maten en las tribunas del Nemesio Camacho 'El Campin'.

Y ustedes dirán, ¿entonces no decir nada y que todo los radicales literalmente se den cuchillo, luego de terminado el compromiso deportivo? ¡Pues no! El tema no es si se quiere poner el mensaje o no. El problema radica en las reales políticas que no se han hecho o las que no ha asumido los empresarios del fútbul colombiano en los contantes hechos de violencia que se agolpan a las puertas de los estadios de Colombia.

El jueves pasado, 14 de diciembre y durante la ciclovía nocturna, un grupo de jóvenes, vestidos con camisetas del Club Los Millonarios, apuñalaron en varias oportunidades a otro que vestía camiseta de Atlético Nacional. Al parecer, se trató de una pelea entre hinchas que tuvo lugar en la estación Avenida Jiménez del Sistema TransMilenio, centro de la capital de la República.

En este caso, tan solo la organización barrista ‘Los Del Sur’, que alienta al equipo Nacional, fue la que rechazó el hecho. Ninguno de los empresarios ha tomado medidas al respecto para mitigar la situación de intolerancia que existe alrededor del fútbol.

Algunas “medidas”

La Comisión Nacional de Seguridad y Convivencia en el Fútbol anunció una serie de medidas para los torneos locales que arrancaron durante este semestre. Entre los compromisos se encuentra el aumento de la fuerza pública tanto al interior como las afueras de los estadios, en especial en aquellas ciudades que hay presencia de las llamadas ‘barras bravas’. Pero es el Ministerio del Interior y la Policía la que realmente ha asumido la responsabilidad, pero no así los empresarios del fútbol colombiano.

La única medida, a nuestro juicio insulsa y sin mayor inversión de recursos, es la asumida por División Mayor del Fútbol Colombiano, Dimayor, que habla de la carnetización de los hinchas. Pero no hay compromiso real, porque la mayoría de los jóvenes que se asumen como hinchas de algún equipo de estos requiere otra atención, y no solo carnet y más bolillo. Algunas propuestas las ha planteado la academia, en lo que se ha denominado ‘barrismo social’, en la que involucren a los seguidores de algún equipo al activismo en los barrios más vulnerables de algunas de las ciudades colombianas.

No es solo un juego

Según el periodista Ignacio Ramonet, director para la edición Latinoamérica del diario francés Le Monde Diplomatique en su libro ‘Fútbol y Pasiones Políticas’, este deporte es, ante todo, un fenómeno cultural. “[El fútbol] no es solamente un juego; constituye un hecho social total, ya que analizando todos sus componentes –lúdicos, sociales, económicos, políticos, culturales, tecnológicos, etc.–, se puede descifrar mejor a nuestras sociedades contemporáneas; identificar mejor los valores fundamentales, las contradicciones que conforman nuestro mundo y comprenderlos mejor”, escribe en su trabajo.  

Es decir, que, así como es un fenómeno social, las medidas deben ir en ese sentido también, medidas de corte social. Sin embargo, ni el sector privado [los acaudalados dueños de los equipos de fútbol] ni otros sectores del Estado [como el Ministerio de Cultura] han dado realmente con el chiste de este fenómeno de violencia juvenil.

Les 'resbala' el problema

A los que se han enriquecido por años con el marketing deportivo poco les importa si en Bogotá, Cali o Medellín se matan a cuchillo, tres o 20 jóvenes, imbuidos por la atmosfera de fanatismo por un equipo de fútbol. A ellos les interesa es que los enceguecidos hinchas les compre sus camisetas [y las originales. No vale las chivadas porque eso sería “ilícito”] y que compren las carísimas boletas de entrada a los estadios.

Y si hablamos de mejorar las condiciones técnicas de los escenarios deportivos, ni de fundas estos magnates del fútbol se meten con algún peso. Estos “empresarios”, si acaso, tributan lo escasamente necesario al Estado, para que más bien sea este el tonto quien realmente se responsabilice del caso. O ¿qué ha dicho las directivas del Atlético Huila por la corrupción y las muertes de los cuatro obreros por cuenta de los hampones de la Administración Suarez Trujillo en el Estadio Guillermo Plazas Alcid? Han guardado “prudente” silencio, según ellos.

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