Cuento | Antes de las cinco

cuento natalia cameroNatalia Camero, una ciberlectora cientochentuda y amante a las buenas letras, busca abrirse espacio en la Web con un relato corto que nos hará reflexionar sobre la muerte, el futuro y la esperanza.

Por Natalia Camero

Para 180 Grados

Elvia se acercó al balcón. Sus párpados detenidos en el cansancio apenas salpicaron esperanza. Iban a ser las cinco. Por la calle, los carros circulaban con dificultad. Una multitud protestaba ¡Queremos justicia!, ¡Queremos justicia!, repetía el tumulto. En medio del griterío, su pasado fue apareciendo como una sombra. El corazón seguía recordándole la desgracia que la condenaba.

Juliana salió de la habitación.

-Elvia, ¿Qué es ese ruido?

-Es una manifestación. Parece que mataron unos pelados- No dijo más y siguió doblando camisas.

Juliana sacó un panfleto del bolsillo.

-Esta mañana lo encontré en la calle. Estamos en pie de lucha, no descansaremos hasta ver nuestra sociedad limpia. Papás, cuiden a sus hijos porque los vamos a enderezar a punta de plomo.

Con ojos desalentados Elvia regresó al balcón.

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-Si le contara señorita. Tuve cinco hijos. Uno me lo mataron hace cinco años en un bar de mala muerte. Le rosearon gasolina y le prendieron fuego. A los cinco días otro apareció muerto en el barrio, dizque tenía negocios raros. Eso dicen. Yo nunca supe nada. De los otros, no le cuento… En ese tiempo esos papeles volaban en la calle. Nadie podía salir de noche…

Ni una lágrima escapaba de sus ojos. Una nostalgia mal disimulada se dibujaba en su cara. Con ella enfrentaba cada línea de dolor. Aunque no guardaba entusiasmo por vivir, se mostraba fuerte al hablar. Pero había algo en el fondo que la impulsaba a vivir. Un silencio… La marcha… El recuerdo… El presente. En los ojos… En las manos. En el cansancio de Elvia retumbaban los gritos de ¡Queremos justicia!, ¡Queremos justicia!

Un silencio pronunciado llevó las miradas de Juliana y Elvia fuera del tiempo y del espacio. Tres golpes en la puerta dieron fin a la conversación. Juliana se apresuró a abrir susurrándole a Elvia: Es mi mamá, no se olvide, antes de las cinco la ropa debe estar planchada.

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